Es cierta, esta historia que les voy a contar.
No estoy segura de cómo contar la historia que quiero
contarles. A veces cuando pienso en la historia, se me convierte enun grotesco calidoscopio que gira con sus
piezas y colores que asustan mis ojos. A veces tengo que cerrarlospara no ver. Y cerrar los ojos de mi mente
para dejar deimaginar: La limpia
incisión cuando el escarpelo cortó la piel, la rápida desinfección de los
riñones, el pequeño intervalo entre la operación y la muerte, los padres que
perdieron no solamente la vida de su hija sino también su cuerpo, o el niño que
creció sin conocer a su madre y que tuvo que agradecer al gobierno, cinco años
más tarde, que fuera rehabilitada.
Yo intentaba no gritar en el juego,no sabiendo que lo que en verdad le
encolerizaba era mi mirada fija y profunda.
Yo
no sabía que significaba aquello. No tengo nada que agradecer a Tiíta Wang, ni
una sonrisa, ni un elogio, ni siquiera que dejara de chillarme cada vez que yo
era el líder de la guerrilla. En la guardería nuestro juego favorito era “jugar
a la guerra”, los chicos combatían como guerrilla masculina, las chicas como
combatientes de la guerrilla femenina [2].
Nuestro enemigo eran los invasores japoneses, el ejercito reaccionario nacionalista,
soldados americanos en Corea o Vietnam, escondidos en las casas y los árboles,
en los arcenes y en los matojos. Yo siempre era el líder de la guerrilla, pues
yo creabalas historias de nuestros
juegos, la responsable de retirarnos o de atacar.
Pero antes de ganar nuestra primera
batalla aquella mañana, Tiíta Wang,me
cogió del cuello y me obligó a detenerme:
“¿Qué está usted haciendo?” me dijo
Intenté no mirarla,respondí “Jugar a guerrillas”
“Hoy no se juega a guerrillas” dijo
Los chicos y las chicas se fueron. Yo
intenté desaparecer, pero Tiíta Wang me retuvo con un grito atronador
“Usted ¿Le dije que se podía ir?”
”No”, y dijo “Ahora va a descansar toda la
mañana. Siéntese de cuclillas aquí”.
Me puse de cuclillas entre
Tiíta Wang reservó este castigo especial para mí. Otros
niños estaban cinco o diez minutos parados sin jugar, pero ella me tenía en
cuclillas al menos media hora.
Muchos años después leí en un artículo que, tener a los
prisioneros de cuclillas durante horas, era una práctica de las prisiones
militares. De cuclillas, haciendo que el peso del cuerpo descanse sobre los
talones, con esta posición primitiva se provocatanto dolor comovergüenza, según
dicho artículo.
Me pregunto si Tiíta Wang se inventó el castigo o si ella
conocía esta práctica de castigo.De
cualquier manera estuve en esta posición tan a menudo que pasó a no
incomodarme. Si, mis piernas se endolorían, pero yo todavía podía ver a mis
amigos pese a mis piernas dormidas. Podía ver a los chicos perseguirse unos a
otros en círculos y a las chicas arrancando flores silvestres y briznas de
hierba. No sabían jugar a guerrillas sin mí.
Suspiré, pero Tiíta Wang me pilló
“¿Por qué suspira? ¿Piensa que es injusto el castigo?”
“No”, le dije
“Mientes ¿Acaso no suspiró? Le oí, no es sincera ¿Me odia?”
“No” le contesté, intentando con dificultar aguantar las
lágrimas
“Mentirosa, sé que me odia, y sé que hacer contigo” dijo
Tiíta Wang
Estos diálogos se repetían con frecuencia en los recreos.
Desconozco que hizo que Tiíta Wang fuera tan constante en sus torturas conmigo.
¿Se divertía cuidándome?, no sé la respuesta. Pasados los años, cuando ya
estaba en América, mi madre se la encontró en una tienda. Tiíta Wang la
reconoció enseguida y le preguntó por mí. Durante los cinco años siguientes se
la encontró con frecuencia y cada vez preguntaba por mí, me pregunto si se
acuerda por la misma razón que yo la recuerdo. Con frecuencia me pregunto sobre
ello, nunca conoceré las verdaderas razones de su comportamiento conmigo,
tendré que aceptar como única razón queyo era “muy mía”.
Así, un desafortunado día, en el
que estaba castigada de cuclillas, llegó una patrulla de policía al
descampadodonde jugábamos. En el centro
de la explanada había dos postes metálicos. Por las tardes, cuando se
proyectaba cine al aire libre, un trozo de tela blanco se colgaba entre los
postes, y la gente se sentaba a ambos lados de la pantalla a ver las películas
de guerra en las que se comentaba en voz alta las acciones heroicas de los
actores
Durante el día el campo quedaba a merced de los hierbajos y
losinsectos, por lo que me sorprendió
la llegada del coche patrulla llamando a través de los altavoces a los vecinos
a reunirse en diez minutos. Hombres y mujeres jubilados salían de los edificios
de viviendas con sus sillas y taburetes. Algunos llevaban paraguas para
protegerse del sol de la mañana. Sonó la sirena de un colegio próximo. Unos
minutos más tardes los estudiantes de todos los cursos salían rápidamentedel edificio, empujando y gritandoe ignorando las órdenes de los profesores.
Estaba tan excitada con lo que sucedía que olvidé permanecer
en cuclillas. De pie intentaba ver a mi hermana entre los alumnos del colegio.
Inmediatamente Tiíta Wang vino y meagarro para ponerme de nuevo en tierra. Estaba asustada, pero ella no
tenía tiempo para regañarme. Me puso en el extremo de la cuerda larga a la que
nos agarrábamos cuando salíamos de la guardería.Me cogí de la cuerday comencé a patear como hacían los demás
niños esperando que nos sacaran de nuestro patio de juegos. Mientras
caminábamos los hombres y las mujeres nos acariciaban las mejillas. Otros,
jóvenes llegaron de distintos centros de trabajo. Nosotros nos sentamos en la
hierba delante de todos. Unos trabajadores construyeron un escenario temporal
con cañas de bambú y tablones de madera. Los alumnos del colegio se sentaron
detrás de nosotros.Yo miraba hacia
atrás para ver a mi hermana, en la segunda fila y le hacía muecas y burlas pues
ella no estaba tan cerca como nosotros del escenario. Mientras esperábamos, las
Tiítas charlabany se pasaban una bolsa
que contenía aperitivos de tofu seco. Cogí una hormiga negra y la puse en la
palma de mi mano, haciéndola caminar sobre mis dedos, a veces mis padres me
decían que no lo hiciera puesmis manos
estaban demasiado calientes para lashormigas y podrían tener fiebre si andaba sobre mis dedos. Observaba a
la hormiga que buscaba de forma febril salir de mi mano. Cuando me cansé de la
hormiga la tiré con el dedo aterrizando en el cuello de Tiíta Wang que estiba
sentada cerca. Contuve la respiración, pero ella no miró a su alrededor. Vacilé
y grite para advertirle “Tiíta, Tiíta”
“¿Qué?” Contestó girándose “usted de nuevo, levántese y
póngase de cuclillas, y guarde silencio” Me levanté y tuve cuidado de que no me
viera mi hermana para que no dijera queme habían castigado otra vez.
El furgón entró en el descampado al tiempo que yo intentaba
mantenermede cuclillas... Los policías,
vestidos con uniformes blancos como la nieve descendieron. Entonces cuatro
hombres, todos caminando de forma pesada por las cuerdas, abandonaron el furgón
y fueron conducidos al escenario. Dos policías estaban parados detrás de cada
uno de ellos, obligándoles a bajar la cabeza. Un oficial de policía con un
megáfono entró en el estrado anunciando que cuatro gamberros
contrarevolucionarios habían sido sentenciados a muerte y la sentencia sería
ejecutara después de que desfilaran todos los vecinos del distrito. Después
levantando el puño gritó “Muertelos
gamberros contrarevolucionarios”.
Las Tiítas nos hicieron una señal, y yo levanté el puño de
cuclillas. Nosotros gritamos la consigna con los alumnos de primaria,los jovenes detodas las unidades de trabajo y los jubilados
quienes ya habían comenzado a retirarse con sus sillas.Escoltaron a los detenidos de nuevo al furgón
que minutos más tarde abandonó el lugar lo conduciría al siguiente lugar de
reunión. Me sentí decepcionada por la brevedad del acto. Tiíta Wang vino hacia
mí y puso la mano sobre mi cabeza y me dijo “¿Has visto? Si continuas así un
día terminaras siendo una criminal. ¡Bang!” Dijo, mientras que con su dedo
simulaba el disparo de una pistola“Esto
es lo que te harán”
Así que yo podía haber estado en el estadio de Hunan, con
cinco años o con setenta y cinco años, una niña atrapada en su infelicidad o un
anciano ya cansado de unalarga mañana,
¿Veo la lucha violenta de la joven con los sanitarios que intentaban
inmovilizarla? ¿Escucho los gritos que salen de su boca amordazada?
No, no lo vi, ni lo oí. Dormitaba en mi aburrimiento.
Desperté para ver a otro hombre, un joven aldeano, en un tribunal provincial de
China central, de pie decía por el micrófono “Quedé huérfano, soy analfabeto,
desconozco como ser una buena persona. Prometo aprender a ser un hombre de
provecho. Os pido que me escuchéis”
Era el invierno de 1991, yo era un estudiante de primer
cursode
Mi estancia con los militares me hizo pensar en mi misma
como una víctima del régimen. Odiaba tener que utilizar los servicios sin
puerta. Odiaba tener que escuchar a los oficiales enfadados llamándonos “gatas
salvajes en celo” por habernos sorprendido cantando una canción de amor en un
descanso o “perros vagabundos americanos” cuando nos pillaban leyendo en inglés
en la clase de Educación Política, escupían en nuestras caras. El odio mantenía
nuestra esperanza. El odionos
alimentaba en lugar del guisado de rábanos que nunca llegó a nuestros
estómagos. El odionos hizo desafiar, en
público y privado,las órdenes que nos
daban los oficiales. El odio nos ayudo a aguantar con dignidad los castigos.
El odio daba significado a nuestras vidas¿Qué podía satisfacer mas a unos chicos y
chicas de dieciocho y diecinueve que sentir en su interior como crecía como
crece una masa con levadura?
Un día de invierno me senté en medio, de mis colegas
víctimas, dentro de mi uniforme verde oscuro en un teatroque servía como tribunal a tres jóvenes. Nos
enviaron para escuchar un juicio para aprender como los ciudadanos deben
observar la ley. En el estradoestaba un
juez, un fiscal, un jurado compuesto por una única persona, y dos ayudantes que
levantaban acta del juicio. Los tres acusados estaban separados: Desde donde
estaba no podía ver sus caras, y tampoco me preocupé en mirar.
Cerré mis ojos una vez nos mandaron
sentarnos. Dormité durante la declaración del fiscal, hablaba un dialecto local
que me costaba entender, me perdí en mis sueños hasta que me despertó un ligero
golpe en el hombro que me dio con su correa el oficial que vigilaba el pasillo.
Me estiré y miré el estrado. El juez preguntaba, y el acusado contestaba
“¿Qué han hecho estos hombres?”
Pregunté susurrando a la muchacha del costado“Han robado un tren” contesto la chica “no estoy segura”. Cerré los
ojos, no tenía curiosidad por que habían robado o que habían hecho en el tren.
No vi nada de interés en ninguno de los tres hombres. El oficial de nuevo me
despertó. Durante un rato estuve mirando la nuca de la que estaba sentada
delante de mí, y de la que estaba delante de ella. Después baje la mirada por
los hombros hasta llegar al respaldo de la silla donde con tinta débil se podía
leer “Wang San come mierda de perro”.
Me reí al leerlo y se lo señale
a la chica de al lado quien sonrió. Entonces el más joven de los tres
criminales delante del micrófono con un profundo acento mandarín dijo: “Quedé
huérfano, soy analfabeto, no sé ser un buena persona, prometo aprender a ser un
buen ciudadano. Por favor escuchadme”. Reí y susurrando le pregunté a mi
condidente “¿Qué hace?” “Pienso que el juez le ha preguntado si quiere decir
algo en su defensa” “¿y esta es su defensa?” “seguramente” “¿Qué espera que
hagamos?”Dije finalmente y nos reímos
levemente, diciendo adiós al hombre y a la pintada del respaldo de la silla.
Este fue el
final del juicio. No supimos a cuantos
años condenaron a los jóvenes, y tampoco nos preocupamos en averiguarlo.
Salimos del teatro enfadadas por haber perdido otra tarde de nuestras vidas, no
sabiendo que nos habíamos perdido un momento crucial, al no haber contestar a
la pregunta ¿Qué espera que hagamos?
¿Se preguntaron lo mismo las personas el estadio de Hunan?
¿Alguien intento responderla? Quiero saber lo que pensó el público cuando vio
morir a la joven. ¿Había alguna Tiíta Wang entre el público?
También quiero saber quienes
eran los sanitarios que entraron y salieron tan rápidamente del estadio en la
ambulancia. ¿Fue el mismo cirujano que operó a mi madre cuando tenía diez años
para extraerle la vesícula? Lo vi poco tiempo después de la operación, y bromeo
conmigo diciéndome que mi madre mejoraría de carácter pues ya no tenía donde
almacenar la bilis.
Quiero conocer al hombre al que
transplantaron los riñones ¿Después de la operación caminaba con un bastón al
centro vecinal para asistir a la reunión bisemanal, donde iba mi abuelo
octogenario a pasar las horas, escuchando como otros ancianos lo critican por
que una vez luchócontra los comunistas?
Quiero saber sobre el novio que le pasó la carta a su
oficial ¿Fue ascendido por esta acción y admitido en el Partido Comunista? ¿Era
el oficial que nos ordenó marchar por la nieve durante horas cuando estábamos
en nuestro año en el ejercito, intentando golpearnuestras piernas con sus botas de cuero?
También quiero saber sobre el guardia ¿Cómo recogió el
cuerpo? ¿Por qué buscaba el cuerpo de un criminal? ¿Era el portero de
Y sobre todas las preguntas, la preguntaque he estado intentando contestar¿Qué tiene que ver esto conmigo? ¿Por qué me
siento obligada a contar la historia de las dos mujeres? ¿Quiénes eran?
La primera joven había sido secretaria de
Y la segunda mujer, lamadre del niño, ¿Qué le hizo comportarse así
ante la muerte? ¿Le gustaba leer historias de héroes como a mí?, mi heroína
favorita era Zoya [3],
joven soviética de diecinueve años queincendió un cuartel alemán y que murióahorcada ¿Admiraba a Jade de Otoño, la heroína que secretamente yo quería
que fuera uno de mis antepasados?
Jade de Otoño fue alumna de mi tío el mayor, al que
llamábamos familiarmente Gran Hombre. Gran Hombre fue un revolucionario a
finales de la última Dinastía, y lucho con sus camaradas para establecer
No puedo contar correctamente la historia del Gran Hombre y Jade de
Otoño. No puedo resistir la tentación de hacer a Jade de Otoño una más de mi
familia. Yo deseo que se amen Gran Hombre y Jade de Otoño, la bella joven que
aprendió de él a luchar con espada, a disparar, a montar a caballo y la química
de los explosivos. Deseo que Gran Hombre hiciera una misión suicida como
tributo a Jade de Otoño, su camarada y su amor. Deseo que su esposa lo
abandonaraal tener un hijo el Gran
Hombre con Jade de Otoño.
Deseo
interferir en la historia, haciendo las cosas que imagino,añadiendo matices a la leyenda. Deseo que la
sangre audaz de Jade de Otoño fuera la que corría por la joven y la madre. A
veces imagino a la segunda mujer mirar con sus ojos calmados a los ejecutores
cuando le forzaron a arrodillarse para recibir la bala, al igual que hizo Jade
de Otoño delante del hacha de su verdugo. Las escenas pasan delante de mí, pues
son el tema central de la historia de un héroe. Deseo que las historia me den
valor, pero siempre me paro.
Es cierto que los héroes son creados por el odio y el
amor , pero ni el odio, ni el amor nos acompañan mucho tiempo. Sabemos que la
primera mujer, después de la sentencia de muerte, gritó y pidió por su vida a
cuantospasaron por su celda. Es un
hecho que le machacó saberque iba a
morir a los veintinueve años, y que no permaneció serena camino del estadio,
cantaba y lloraba yreíay gritba.
Como si fuera un mundo imaginario, como en el mundo
de los juegos de guerra de la guardería, como una historia cargada en mis
jóvenes hombros. Pero antes o después
Nuestros juegos se interrumpieron pero nuestras vidas continúan.
[1]NT:
xiao ayí, es la forma de llamar a las cuidadoras del jardín de infancia o
guardería
[2] NT: El juego de las
guerrillas aparece en la película “Memorias de China”
[3]NT:
Zoya Anatolyevna Kosmodemyanskaya(1923-1941) primera mujer héroe
de